
Como ya lo expuse en este mismo espacio virtual, el Centro Histórico mexicano es sin lugar a dudas un sitio fascinante y sublime, sus grandes edificios que datan de la época de la colonia son imponentes y evocan en mi un sin fin de sentimientos…
Ayer, fui a despedirme del centro, el bullicio y la algarabía no se hizo esperar, miles de mexicanos, disfrutaban en familia de la pista de hielo, los comercios y de la iluminación de una de las urbes más grandes de América Latina.
Al estar ahí y pasearme por última vez (en este viaje, claro esta), por la avenida cinco de mayo, la francisco y madero, el Zocalo y el Palacio de Bellas Artes, me resultó inevitable sentir nostalgia, pues ignoro cuanto tiempo transcurrirá para que mis pies vuelvan a pisar tales calles y avenidas. La última vez tarde seis años en volver, ahora espero que dicho tiempo se reduzca lo más que sea posible, pero… ¡Nadie sabe el día ni la hora!
Pese a la nostalgia que experimente, trate de memorizar cada lugar y disfrute el paseo lo más que me fue posible, estudie detenidamente aquellas calles repletas de gente y al finalizar la jornada me detuve en el Bar La Opera, a disfrutar unas enchiladas con Mole, un café capuchino y una cerveza…
Cerré la jornada en un sitio muy tradicional del centro mexicano, trate de retener cada instante, pero aquel momento se esfumo, como se esfuma un suspiro, como se escapa la sensación de un beso…
Vaya noche inolvidable para mi, eran las 22:30 y los niños y niñas continuaban jugando con sus padres a inmediaciones del Zocalo… la vida continuaba y continuará, tal como la mía, pero el recuerdo vivirá en mi mente por siempre…
Hasta pronto ciudad de México, me llevo un pedazo de ustedes…gracias por los agasajos...



