lunes, 26 de octubre de 2015

Corre y va de nuez...

La GuateMala de ayer es la GuateMala de hoy y por lo visto será la GuateMala de siempre. Me confieso ingenuo, soñador, idealista,  casi rozo en lo bobo. Pero, por fortuna, no soy el único, pertenezco a  una irrisoria minoría, ese pequeño grupo de pendejos  que una madrugada de septiembre pensó que el país podía cambiar, que las cosas podían ser diferentes y que la ciudadanía despertaba de un añejo letargo.

Muchos pensamos que el país despertaría, que se podría forjar un futuro diferente. Falso, demasiado soñador. Estamos sumidos en un círculo vicioso. El simplismo y el desconocimiento de nuestra historia traiciona a un país que caerá de nuevo en el eterno letargo, ese que tiene anestesiada a una inexistente democracia.

El análisis simplista de una sociedad a la que le da pereza pensar, nos hace regresar al genoma militar. El partido derechista y ultraconservador fundado por militares de la vieja guardia, asumirá la presidencia el 14 a las 14.

Hace cuatro años sentí la misma frustración que hoy me invade. Vi como la misma clase mediera, perezosa de razón le daba la banda presidencia a un ex militar, con un cuestionado pasado. Siempre lo supe: su administración sería nefasta, corrupta, intolerante y arbitraria.  Solo que hace cuatro años el estribillo barato era otro: “urge mano dura”, “el principal problema del país es la inseguridad”.

La ciudadanía perezosa a la que me refiero, de nuevo no quiso hacer  un análisis minucioso y exhaustivo del tema violencia y de cómo éste solo es el síntoma visible de problemas estructurales mucho más graves. Pensar en reducir los indicadores de violencia bajo la premisa de que ese es un problema como tal resulta inútil.

La violencia se ataca de forma transversal y solo es posible frenarla si se encaran con valentía los verdaderos problemas de fondo que la originan: educación, salud, políticas públicas, oportunidades, combate a la pobreza y a la miseria.
La ciudadanía se volcó a las urnas y votó de forma egoísta, votó por el temor a que le robaran un celular, un vehículo, el efectivo, etc.

Cuatro años más tarde la canción de moda es otra: la corrupción. “Ni corrupto, ni ladrón”, eso basta, no se necesita probada honorabilidad, formación, experiencia. Mucho menos hace falta conocer el génesis del candidato, el poder detrás del trono. Él lo niega, lo negará por un tiempo hasta que las circunstancias se lo permitan.

El análisis,  de nuevo aburridamente simplista,  de que, el mal cómico, el de los chistes racistas, sin formación y con una casi inventada formación académica, no tiene un pasado político me asusta. Su manifiesta incapacidad es casi secundaria. El detrás del candidato es lo que preocupa.


Lo cierto es que él, el  de las Moralejas llegó al poder y pronto sus manos y piernas colgarán de invisibles hilos y detrás de él, los  militares de la línea más conservadora harán de las suyas. El panorama se vislumbra sombrío, casi tanto como hace cuatro años. Salimos de un mal militar, ahora tendremos a muchos otros, solo que será más difícil exigirles que nos rindan cuentas, pues estarán impunemente detrás de los invisibles hilos. 

jueves, 1 de octubre de 2015

Cuando éramos niños


Cuándo fue la última vez que llovió y me mojé adrede, por gusto, por diversión. Hemos perdido esa hermosa costumbre, la de saltar en los profundos charcos de agua y mojar nuestros calcetines, sin que eso importe. Claro ahora nos mojamos, por mero descuido, casi por accidente. 


Abrimos nuestros paraguas, vestimos ropa impermeable, colocamos, folders, suéteres, cuadernos, libros, periódicos, bolsas plásticas, casi cualquier objeto, con el único fin de evitar el aguacero.  Corremos en la búsqueda desesperada de  un refugio, debajo de un techo, en el interior de un vehículo, dentro de un bus, mercado, tienda o supermercado.

Nos esforzamos por evadir la lluvia, odiamos mojar nuestra ropa, arrugar nuestro traje, ensuciar nuestros lustrados zapatos. A veces, cuando nos mojamos, esperamos que sea lo menos posible.  Ojala nuestras camisetas tengan algo de seco, porque odiamos temblar y ver como se  nos escurre el agua por la frente y las mejillas.

Es casi socialmente inaceptable, el agua solo es permitida en los centros turísticos y en las regaderas calientes,  muy calientes, en la calle ¡no! Nos hemos autoimpuesto la prohibición de mojarnos bajo la lluvia.

A veces nos mojamos por puro accidente, por desdicha, desfortuna.  La lluvia en nuestras ropas es  casi un sinónimo perfecto de fracaso, es una  prueba fehaciente de lo horroroso que fue nuestro día.
Me regañó mi jefe, quizás hasta me despidieron o me abandonó mi pareja y lo peor de todo es que no pude evitar el aguacero. 

Llegamos a casa empapados de nuestra frustración, irritados, al borde del precipicio, desolados, tristes y amargados.

No siempre fue así, hubo un tiempo, han pasado tantos inviernos que la memoria parece haberlo olvidado, en que la lluvia en nuestros trajes sastre no fue tan atroz.
Hubo un tiempo, carajo, ha pasado tanto que cuesta mucho recordar, en que el chubasco vespertino se convirtió en un arcoíris y  pintó un día gris de  mil colores.

Hace cuánto tiempo que el aguacero no nos saca una carcajada elocuente, hace cuánto que no nos entristecemos con la ida del invierno, hace cuánto que no vemos en la lluvia, una sonrisa  caudalosa de alegría  en el rostro de un amigo.

Hace cuánto jugar fútbol no se hace más divertido con la lluvia, hace cuánto que no reímos al sentir el ardor de la pelota húmeda en nuestro muslo. Hace cuánto que esa niña, ahora preocupada porque se le corrió el maquillaje, no extiende sus brazos y acaricia cada gota con apacible y entrañable ternura.

La lluvia, la maldita lluvia, ya solo es caos vehicular, accidentes desafortunados,  cielos grises y tristes. El aguacero, el granizo, hace mucho dejó de ser pequeños cubos de hielo para nuestros frescos, ahora más bien son pedradas lacerantes que golpean bruscamente los vidrios de un carro, que para colmo se fue en un agujero, por esa maldita lluvia.

No siempre fue así, no siempre fue tan difícil, hubo algún tiempo que esa brisa acelerada sobre nuestra piel despertó hermosos sentimientos: alegría, amor, emoción. Hace cuánto que no besamos con humedad, con pasión y sin prisas bajo la lluvia.

Hubo un tiempo mejor… cuando éramos niños.  

"Crecer no es el problema. Olvidar lo es". Antoine de Saint-Exupér. (El Principito)




domingo, 30 de agosto de 2015

Crónica de una manifestación accidental

Esta es la crónica ciudadana de un periodista, sin medio para publicar.

Hoy es #27A, hoy es #27A, me repetía decenas de veces, mis pies, inquietos, presentaban un incesable cosquilleo, ese que solo una marcha beligerante podría quitar. Son las 9:30: no podré ir, me reprochaba, mientras consultaba los portales web de los periódicos nacionales. La frustración invadía mi consciencia y atropellaba mi vocación periodista, en situación temporal de retiro, o al menos de eso intento convencerme.  

Yo,  el otrora reportero de las historias cotidianas, viendo la historia pasar ante una fría Dell cualquiera, era como un escupitajo a mis convicciones, una latigazo lacerante a mis entrañas.   
Pero  las buenas noticias llegan cuando uno no las espera, de pronto una autorización, una cuasi mera sugerencia de parte de mi jefa, fue suficiente para inyectar dosis inimaginables de adrenalina en mi cuerpo. 


“La presidenta – de la organización para la que colaboro-  acaba de llamar y dice que aquellos que quieran ir a manifestar pueden hacerlo”, Carmina Burana, la heroica y el climax de la 1812 en mis oídos. Eso sí,  antes una “recomendación más”, la autorización para acudir era por tiempo limitado. Vayan a las 11, pero regresen a las 14 horas, mera sugerencia, por supuesto obligatoria. 

No importaba un carajo, haría que esas tres horas valieran la pena. En minutos, la portavoz de las buenas noticias organizó una participación conjunta a la marcha entre colegas de oficina.  Me negué, preferí tomar mi propio curso. La mejor opción: unirme a la columna de universidades privadas encabezada por la Rafael Landívar.  

11:20: me separó de los compañeros de oficina y perdido sin saber por dónde venía la marcha, actué  de forma instintiva y me encaminé a hacerle  encuentro al movimiento estudiantil. No me fue difícil, era una masa beligerante, bulliciosa, indignada, enardecida, frustrada por la permanencia cobarde y atrincherada de un gobernante despreciable e ilegítimo, pero orgullosa de hacer historia y de cambiar el país.  

Un pequeño grupo de estudiantes de la Universidad del Itsmo esperaba a la milenaria columna en el redondel de la Reforma, ese que comunica con la 7ª avenida de las zonas 9, 4 y 1. “A ver, a ver, quién tiene la batuta, el pueblo organizado o el gobierno hijo de puta… Otto cerote te vas a ir al bote… pueblo que escucha únete a la lucha”, gargantas desgarradas, afónicas, pero estruendosas gritaban aquellas consignas. 

12:25: Palacio de la Justicia, cohetes, bombos, bocinas en señal de apoyo, se me eriza la piel, casi lloro de emoción.  Lo único que me preocupa es no poder llegar antes del vencimiento del permiso a la Plaza de la Constitución, frente al Palacio Nacional de la Cultura.
La patojada sigue su curso sobre la 7ª avenida, ya vamos a llegar me digo, cuando de pronto un giro inesperado, al menos para mí, la columna hace un cruce en la 10 calle, para antes pasar por el  Congreso. 

Un anciano detiene un cartel, frente al edificio legislativo, su mirada se dirige con firmeza al enorme palacio circense, ese que bloquea leyes, que ve a conveniencia al otro sentido y que elude e ignora, como regla general los interés de la verdadera Guatemala profunda, esa donde cinco de cada diez niños parecen desnutrición, esa sumida en la extrema pobreza, a costillas de los ostentosos estilos de vida de nuestros gobernantes. 

El anciano llegó solo, no pertenecía a ninguna columna y en su pancarta lleva un mensaje cuasi incomprensible, pero cargado de indignación y con aires de ira: “Diputados de los partidos Patriota y Líder, le han dado las espaldas a Guatemala es una afrenta a la que unidos y con coraje tenemos que encarar”. 

Minutos después, serían las 13 y piquito, no importa ya, las notas a capela de un himno que en el pasado estuvo lleno de hermosas mentiras, pero que hoy es el sublime clamor del pueblo. “Libre al viento tu hermosa bandera, a vencer o a morir llamará que tu pueblo con anima fiera, antes muerto que esclavo será”, ondeaban no uno sino cientos de pabellones, lo hacían con libertad, con la espectacular grandeza de un país cansado y despierto. 

Esas letras tomaron más fuerza que nunca  en la historia democrática del país: “Ojala que remonte su vuelo, más que el cóndor y el águila real y en sus alas levante hasta el cielo Guatemala tu nombre inmortal”, la piel de nuevo se me eriza, el nudo en la garganta, la lagrima atravesada y un sentimiento de orgullo nacional que brota caudalosamente. 

La valiente columna sigue su curso y llega a la Plaza de la Constitución, frente al Palacio Nacional de la Cultura, es apoteósico, poético, es tanto y todo que los calificativos le restan majestuosidad.
13:50: el permiso se venció, paro un taxi, voy solo y en mi mente aún se repiten esos momentos cívicos maravillosos. 

Muchas otras cosas sucedieron en simultaneo, la columna sancarlista, la exhortación del Cacif de permitir a los empleados ir a manifestar, el paro de cerveceros y restauranteros, la conformación de la pesquisidora en el Congreso, pero lo que narro es lo que mis sentidos percibieron. Un día inmortalizado en mi memoria, un día para la historia de un gran país que desde ya es una nación mejor y diferente. #AguanteGuatemala

lunes, 12 de enero de 2015

Ausencia definitiva

En mi mente hay una interminable lluvia de imágenes que me recuerdan, con lacerante dolor, la ausencia definitiva. 


Lo recuerdo... con su túnica bien planchada y sus zapatos relucientes,  detrás de aquella bicicleta Californiana de asiento amarillo, con el guante de béisbol y esa pelota rosada cuya textura es perfectamente recordada por las palmas de mis manos.


Lo recuerdo en el Parque Morazán, en el portal del Comercio, con el libro de karate entre sus manos, con sus ocho tazas de café por día. Lo recuerdo entre las olas del mar, con la energía de un quinceañero,  con sus hilos de plata, en el estadio Azteca en una noche lluviosa.
Lo recuerdo escuchar el partido de Municipal con su pequeña radio naranja con negro, lo recuerdo sintonizar Patrullaje Informativo y la vuelta ciclística. Lo recuerdo en una gran urbe y en el Mateo Flores.

Lo recuerdo en su improvisado taller, detrás de esas herramientas inentendibles, lo recuerdo arreglar todo, lo que fuera, ese pegamento gris que usaba para todo y como se auto recetaba aquellas pastillas cuyo nombre, ya no recuerdo.

Lo recuerdo detrás de un motor de carro, desesperado, impaciente, siempre con prisa, siempre puntual, siempre a pie, jamás en camioneta. Lo recuerdo, sintonizar la doctora Polo, Casos de Familia, viendo la repetición de un partido viejo de dos equipos desconocidos de una liga inverosímil. Lo recuerdo en tantas imágenes, lo recuerdo en pasado y no me queda alternativa que quedarme con su ausencia, esa lacerante ausencia que  me lastima, que me duele, que es definitiva.  
Gracias abuelito por tanto.   

lunes, 9 de junio de 2014

Asesinato selectivo

La prohibición de matar a una persona es milenaria. Las tablas de la Ley develadas a Moisés 1,500 años antes de Cristo hacían referencia a esta. “No matarás”, era el primer mandato de aquel decálogo, en el cual bien podrían haberse inspirado muchas de las Constituciones, códigos penales y demás  reglamentos alrededor del mundo.

Dos palabras bastaban, no había cabida a erróneas interpretaciones, no había gama de grises, el mandato era claro. “No matarás”, prohibición expresa,  sin excepciones ni justificaciones. En la sociedad contemporánea los códigos penales y las constituciones refuerzan aquel primer mandato. En todo el mundo, en cientos de páginas se ha reforzado esa prohibición y se ha penado incluso con la muerte misma (algo en lo cual estoy en absoluto desacuerdo, pues no puedo prohibir algo y penarlo con la prohibición misma).

El viernes último Erwin Sperisen, ex director de la Policía Nacional Civil (PNC), fue sentenciado a cadena perpetua en Suiza, país al que viajó para ocultarse de la ley guatemalteca, sin imaginar que la ley suiza lo condenaría para toda la vida, incluso sin que los hechos se hayan desarrollado en aquel país.
Está ampliamente documentado que él junto a otros mandos de la policía de la cúpula de Gobernación irrumpieron violentamente  en septiembre de 2006 en la granja Penal Pavón.

Durante esa oportunidad las fuerzas de seguridad se desplegaron masivamente y excesivamente a ese centro penal. El resultado del operativo: siete reclusos muertos, un par de ellos próximos a salir de la cárcel posterior a haber cumplido su condena. La justificación de aquella operación denominada Pavo Real, fue tomar el control del lugar pues es de amplio conocimiento que dentro de la misma, mucho reclusos gozaban de innumerables privilegios.

Pavón se había convertido un centro de esparcimiento y diversión, los reclusos contaban con televisiones, computadoras, mesas de billar y hasta jacuzzis. Todos los excesos habían ingresado por la puerta grande, bajo el consentimiento de las corruptas autoridades del Sistema Penitenciario.

Los informes forenses y la amplia documentación que existe respecto al operativo dan cuenta de que los reclusos asesinados, fueron muertos a quemarropa y las escenas del crimen fueron manipuladas. Aunque se dijo que se había tratado de un enfrentamiento entre reclusos y policías, nunca se demostró tal extremo y tampoco hubo policías heridos.

 Los siete reclusos muertos, supuestamente encabezaron una insurrección contra los más de 3 mil agentes que ingresaron a esa cárcel. ¿Verdad o ficción? Claramente las declaraciones de la otrora cúpula policial encabezada por el recientemente condenado, nunca tuvieron un sólido fundamento, nunca se probó la insurrección de los siete y en cambio sí existieron evidentes indicios para pensar que las fuerzas de seguridad mataron a sangre fría a los internos en mención.

Ahora, tras la condena del ex director policial, existe una aberrante e inexplicable corriente que lo defiende. Los argumentos de estos, no solo carecen de fundamento sino pretenden justificar las acciones ilegales de Sperisen al argumentar que los reclusos muertos eran delincuentes. 

Vale la pena resaltar que estaban inmersos dentro de un proceso judicial y  que cumplían una pena dictaminada por un Tribunal de Sentencia.
Resulta que somos un país donde se vale y existe el asesinato selectivo, es posible matar y quedar impune, si un “bueno”, mata a un malo. La cúpula policial de aquella innombrable administración se dedicó a esto, a la limpieza social, a matar a los malos so pretexto de hacer un bien para el país.

Por mucho que intenté encontrar en el Código Penal, la Constitución y demás, no pude constatar de que en efecto el asesinato selectivo es una práctica legítima y permitida por la ley. Prefiero ser práctico y hacer una sencilla ecuación: es asesino quien planifica, consiente, facilita la muerte de una persona. 

Hay amplia documentación de que Sperisen  planificó y consintió aquellas siete muertes y hay un agravante más: lo hizo valiéndose de la estructura y fuerza del Estado, a lo que se le llama Ejecución Extrajudicial.

Si los siete eran buenos o malos, eso el precario sistema de justicia del país se había encargado de juzgarlo. Que si en Pavón había excesos, eso debió evitarse mediante un la incorruptibilidad del Sistema Penitenciario. Lo cierto es que para ello no eran necesarios siete cadáveres.  Los defensores de Esperisen, algunos asumo cristianos, llevan consigo el horrible sentimiento del revanchismo, de la crueldad y de la muerte entre pecho y espalda.

Juzgan con todo el peso de la ley al pandillero que mata, pero ansían más que nada ver muerto al victimario. ¿Qué tan diferentes son Esperinsen y los pandilleros comunes? ¿Qué tan diferente son esos pandilleros de los defensores de Esperinsen sedientos de sangre, hambrientos de revanchismo y odio?


Al menos las pandillas encuentran una justificación a sus actos  en la miseria, la ausencia de educación,  amor y la respuesta disfuncional de una exclusión heredada de muchas décadas atrás. Y usted señor defensor de Sperisen ¿Cuál es su excusa?

martes, 1 de octubre de 2013

No quisimos Palenque...muchos no quieren hidroeléctricas ¿Cuál es la diferencia?

Esta es una historia real, una historia como pocas, una en la que el pueblo fue escuchado. La demanda quizás mucha más frívola que las que tienen los pobladores de Huehuetenango, a los que nadie escucha, pero igualmente legítima.

Transcurría la década de los ochenta yo era apenas un niño de no más de cinco años de edad (no puedo recordar el año exacto). Me encontraba muy enfermo y estaba bajo los cuidados de mi mamá, que Dios la tenga en su santa gloria. Sintonizamos la televisión abierta y los vimos ahí: eran mi nana y mis dos hermanos,  ambos mayores que yo, acompañados de una multitud de vecinos decididos a frenar una iniciativa que suponíamos comprometería la paz de la colonia en la que residíamos.

Ahí estaban ellos en la televisión abierta, gritaban eufóricos, decididos, exigentes: “los vecinos de Ciudad Nueva, no queremos Palenque, no queremos Palenque”, así un centenar de veces. Pese a mi corta edad lamenté no asistir a aquella manifestación y mi madre me dijo que la veríamos por televisión y que ella cuidaría de mí, pero que estaríamos bien representados por mis hermanos y mi nana.

Alguien, alguna autoridad, quizás la Gobernación departamental, a lo mejor  el poder de algún vecino, no lo sé, quizás nunca sabré quién estuvo detrás de la decisión, pero en efecto los vecinos de Ciudad Nueva fuimos escuchados, ganamos la partida y en nuestra amada colonia no se instaló tal Palenque.

Nuestra demanda era legítima, ¿Por qué permitir el Palenque? ¿Por qué si es una práctica salvaje? ¿Por qué si podía tener importantes repercusiones en la seguridad del vecino de Ciudad Nueva? ¿Alguien nos preguntó si estábamos de acuerdo? ¿Alguien  nos ofreció compensarnos de alguna forma a cambio de instalar el Palenque?

En efecto nadie lo hizo, por eso surgió la oposición. Quien lea estas letras tendrá que reconocerlo: la demanda de los vecinos de Ciudad Nueva era legítima, la instalación de un Palenque sin el consentimiento del vecino era injusta, la disposición era arbitraria. Fue un triunfo que nos escucharan.  Ahora no comprendo por qué resulta tan incomprensible el rechazo a la instalación de una hidroeléctrica, una cementera o una mina. ¿No es igualmente legítima y justa la negativa de los pobladores de Barillas, San Juan Sacatepéquez, San Marcos, San Rafael Las Flores de instalar ahí proyectos cuyo beneficio es discutible?

Los indios violan el Estado de Derecho y la libre locomoción aseguran los libertarios, cuya miopía no les permite ver más que una cara de la moneda. Estos libertarios, autoritarios, empresarios de las élites acomodadas, no se ponen a pensar ni por un segundo que ellos también se opondrían a que se desarrollara un mega proyecto si este los afectara directamente. 

¿Dejarían ustedes sector privado organizado que violentarán su paz, que contaminaran el agua de sus condominios que más se asemejan a bunkers de seguridad? ¿Dejarían ingresar ustedes a personas ajenas a sus residenciales con maquinaria pesada? Claro que no, nadie perturba la paz de ustedes, nadie que no haya dejado su identificación, que no haya sido vigilado por una decena de cámaras de seguridad, que no haya sido autorizado por ustedes mismos, ingresa a sus  residenciales, nadie, ni siquiera tocando un timbre, mucho menos por la fuerza.

Pero claro que se jodan los del campo, nosotros vivimos en la ciudad, seguro la energía que se produzca con esa hidroeléctrica me servirá para ver la novela o película por  la noche. Los libertarios son así, indiferentes y frívolos.  Que se jodan los indios tercos que se oponen al desarrollo, ignorantes, malolientes, mal educados, que bloquean la inversión, obstruyen carreteras y generan pérdidas millonarias para los grandes capitales, a esos que generosamente les dan trabajo a ustedes partida de huevones.

Es triste pero cierto a algunos no les importa, que los indios se queden sin agua, que sus ríos se contaminen, que las maquinarías grandes y pesadas les perturben su paz y les obstruyan el acceso a sus hogares. Indios testarudos, violentos. Hagamos cumplir el “Estado de Derecho”, retirémoslos por la fuerza, impongamos los mega proyectos les guste o no les guste, tal cual aprendices de dictadores, de igual manera nosotros, la oligarquía estudiada, la de los títulos en el extranjero, la que se beneficia de las minas y de cementeras, tenemos la razón porque le apostamos al desarrollo del país. Para los indios no hay “Estado de Derecho”, solo “Estados de Sitio” y restricción de garantías. Hay de aquel  que brinque, porque tenemos por dónde joderlo para que se pudra en una cárcel.

¿Quién garantiza los derechos de aquellos que legítimamente se oponen a los megos proyectos? Acaso no tienen un poco de razón al no querer que se les perturbe la paz. ¿Acaso no es molesto que se nos imponga algo que no queremos? Lo cierto es que la oposición a estos proyectos es vista como rebeldía, como desconocimiento, ignorancia. "Esos indios no quieren que el país avance, por eso se oponen al desarrollo…", dicen algunos.

Lo cierto es que en este país, los derechos de los libertarios, de los estudiados, de los grandes empresarios, son los que sí merecen la pena defenderse.

    

martes, 24 de julio de 2012

Un día especial...


Durante 24 años este día pasó inadvertido para mí, una fecha más que tachar en el calendario, 3,600 segundos para vivir. Hace  3 años, cuando justo usted llegaba a un cuarto de década de vida, ese escenario de indiferencia cambió y aunque aún en un contexto de amistad, supe que el 24 de julio sería una fecha que difícilmente podría olvidar.

Hoy elevó una oración al cielo por su existencia y agradezco a su mami el milagro tan perfecto que concibió hace ya 28 primaveras, veintiocho años de iluminar el mundo, de pintar con cada sonrisa paisajes multicolores, veintiocho años de ver el universo con su particular pasión, de ser querida por todos, porque “todos quieren a la Su…”.




Gracias porque hoy abrirá los ojos y le  volverá a regalar a mi vida, esperanza, sentido, color y humor, gracias por pintarme la vida de colores, por ser y por estar a mi lado. Porque pese a mis defectos y errores, que son muchos, usted le apostó a estar junto a mí.

Gracias por colmarme de tantas bendiciones, sencillamente gracias por existir. No es todo lo que pienso y siento, pero inician una infinita descripción. La amo y ojala pueda perderme en su mirada, ojala cada mañana me despierte con su aliento, escuché su sonrisa y tenga la certeza de que soy un hombre feliz, porque estoy a lado de la mujer correcta. Disfrute su cumpleaños y discúlpeme por mi involuntaria ausencia.